
Luristán es una región montañosa situada en el centro de los montes Zagros, dividida en dos por la cadena montañosa de Kabir Kuh: Pish-e Kuh, más elevada y en la zona oriental, y Pusht-e Kuh, situada en la zona occidental («delante» y «detrás de la montaña», respectivamente) y habitada por los nómadas de las montañas. A partir de 1928, Luristán se hizo muy popular en Europa y los Estados Unidos debido a los numerosos «bronces de Luristán» introducidos en el mercado de objetos de arte por ladrones de excavaciones. La datación de tales
objetos robados se reveló insegura y difícil antes de que se llevaran a cabo excavaciones regulares en esta región.
El origen de la colección de bronces persas, es el resultado de los hallazgos fortuitos y excavaciones clandestinas que tuvieron lugar en la región de Luristán a principios de los años veinte del siglo pasado, razón por la que este conjunto de piezas recibe el nombre de bronces de Luristán.
DATACIÓN
La datación es difícil porque se desconoce su contexto arqueológico, al igual que, por las mismas razones, se desconoce el origen de la mayor parte de los bronces de Luristán y su cronología sigue siendo dudosa.
A falta de contexto arqueológico que permita al menos una datación relativa, el estudio comparativo con otras piezas de cronología más cierta muestra ciertas similitudes tipológicas y decorativas con ellas. Por ambas razones se le puede atribuir a la daga una fecha aproximada del 1000 a. C, perteneciente por tanto a la Edad del Hierro.
PROCEDENCIA
La designación genérica con la que se conoce a estos bronces obedece al nombre de la región en la que se realizaron excavaciones sistemáticas a comienzo
de los años veinte del siglo pasado. Concretamente se excavaron necrópolis en las provincias de Luristán, Elam y Kermanshah del actual Iran. En 1929 André Godard director del Servicio de Antigüedades de Irán realizó un exhaustivo informe sobre la presencia de estos objetos en la necrópolis de Abi-zal al norte de Kermanshah.
En 1938 Erich F. Schimidt, director de la Holmes Expedition to Luristan, comenzaría una nueva serie de investigaciones sistemáticas excavando en el santuario rupestre de Surkh Dum que proporcionó piezas de bronce parecidas a las de las tumbas mencionadas anteriormente y datables entre los siglos IX y VII a. C. Excavó también un depósito votivo con armas y objetos rituales similares a los conocidos por el mercado de antigüedades. Entre las armas encontradas en el santuario, las más singulares son las agujas rematadas con un disco con decoración repujada.
Después de la II Guerra Mundial, en 1948, paralelamente a las ampliamente extendidas excavaciones clandestinas, M. Schaeffer continuó el estudio de los bronces de Luristán, ordenando la secuencia estratigráfica de la región.
En conclusión, se puede afirmar que armas como éstas aparecen en contextos funerarios, religiosos y en depósitos junto con otros tipos de armas y objetos de bronce. La cronología de estos conjuntos oscila entre los siglos IX y VII a. de C.
CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS
La zona de procedencia está vinculada al origen de la metalurgia. En estos territorios del Próximo Oriente relacionados con el Tigris y el Eufrates se ha constatado la temprana utilización del cobre nativo y desde el IV milenio a. de C., constatándose su fundición y la utilización de aleaciones.
También tempranamente se obtuvieron objetos metálicos por el doble procedimiento de la técnica de la cera perdida y el molde bivalvo. Los espléndidos bronces de Luristán son un ejemplo de esta tradición metalúrgica. Los primeros contienen aún bastante cobre, pero poco a poco se fue introduciendo en la aleación estaño junto con el arsénico para darle mayor dureza y por tanto resistencia. En el II milenio a. C. el bronce se impone definitivamente.
La mayor parte de la producción metalúrgica consistía en armas y herramientas. En la elaboración de las dagas y espadas se aplicaron ambas técnicas. Muchas de las dagas y espadas de Luristán fueron hechas en dos fases: primeramente se hacía la hoja y después se fabricaba un molde para la empuñadura con el hueco para permitir el engaste a la espiga de la hoja.
En la mayoría de sociedades con industria metalúrgica, especialmente aquellas en las que se producen sofisticadas formas, se presupone que son elaboradas por un reducido grupo conocedor de la tecnología y que, como tal, podía disfrutar de ciertos privilegios. También la utilización de los productos elaborados, caso de las armas, era privilegio de los jinetes-guerreros, tal y como demuestra la aparición de numerosas armas y arreos de caballo depositados en los enterramientos, ya fueran estos construidos con grandes lajas de piedra, en pozo en forma de galerías revestidas con lastras y cubiertas con piedras toscamente talladas.
LA GENTE DE LURISTÁN
El grupo humano que habitó la zona en la que se halla el Luristán jugó un importante papel en el desarrollo de la civilización ya desde
el IV milenio a.C., dado que aquí se produjo la invención de la escritura y la aparición de las primeras ciudades en Elam y Sumer.
En un amplio sentido, el nombre de Luristán significa “Tierra de los Lur”, es decir, de las tribus Lur que constituyeron el núcleo principal de las tribus kurdas del Luristán y de otros grupos con los que éstas compartían el territorio, como los Lak. Esta tierra se ubica en la región montañosa situada en el oeste de Irán, junto a la actual frontera irano-iraquí, al sur de la región del Kurdistán y de los Montes Zagros y al noroeste de Kuzistán; al este delimita con la regiones de Nihavad y Burujid, y al sur con la región de Dizful y la antigua Susiana. Se extiende desde Kermanshah hasta Fars y se compone de valles profundos de difícil acceso, pero no por ello ha sido inmune a las influencias externas derivadas del comercio y la emigración. Las investigaciones de Clare Goff y Louis Vanden Berghe han puesto de manifiesto como los valles altos de Luristán estaban ya poblados en tiempos prehistóricos.
La historia de Luristán puede reconstruirse, no sin dificultad, a través de las fuentes escritas de sus vecinos del sur, los elamitas de Khuzistan con su capital en Susa y los babilonios del sur de Iraq. Las tribus Lur fueron tribus seminómadas y su principal actividad fue la ganadería y la cría de caballos. Prácticaron también la agricultura, aunque en menor medida. Sus guerreros fueron mercenarios al servicio de los pueblos vecinos y posiblemente los casitas y elamitas obtuvieran sus caballos en esta región.
En algunos momentos de la historia, las tribus de Luristán aparecen situadas en las riberas de los ríos Tigris y Éufrates dedicados al pillaje. En otros momentos aparecen como guerreros a instancia de los
gobernantes de Susa o como aliados de los reyes babilónicos contra Elam, e incluso como tropas auxiliares de los Guti, tribu de la región montañosa de los Zagros en el norte de Luristán, que luchó para poner fin al poder de la dinastía acadia durante el reinadode Naram-Sin (2448-2411). Está claro que eran grupos de mercenarios al servicio de Babilonia y Elam. Así lo demuestran los bronces encontrados en su territorio con inscripciones cuneiformes sumerias y acadias, por ser productos importados de Babilonia y Elam y no producciones locales del Luristán.
Poco se sabe respecto a los poblados en los que vivían. Quizás el carácter nómada de estos grupos no ha dejado evidencias de las formas de poblamiento. En las regiones del este de Luristán, los asentamientos son relativamente pequeños, probablemente por ser poblados o campamentos estacionales situados alrededor de pequeñas ciudadelas. En cambio, en las llanuras bajas del oeste de Luristán los asentamientos parecen tener un carácter más permanente, aunque el escaso número de poblados excavados sistemáticamente no permite confirmarlo. En estos asentamientos permanentes aparecen talleres metalúrgicos.
En cambio no hay duda en afirmar que las gentes de Luristán dominaban la tecnología metalúrgica y tenían un increíble sentido artístico, aspectos ambos que conservaron de generación en generación. La preservación de la tradición local durante siglos fue posible probablemente gracias a la pervivencia del ritual funerario y de las creencias que dieron sentido a estos objetos de bronce. Fabricados con destino exclusivamente funerario para simbolizar el deseo de inmortalidad de la persona que se adornó con ellos, responden también a la acumulación de grandes riquezas que en un momento dado benefició a estas gentes y que se manifestó en la aparición de miles de objetos de bronce en tumbas y santuarios.
Estas gentes luristaníes se llamaban así mismos elamitas, medas. Eranဠpueblos soberanos que a menudo estuvieron tentados de hacer prevalecer su presencia e influencia en las regiones adyacentes. Esta denominación persistió a través del IV, III, II milenio y primera mitad del I milenio a.C., hasta la emergencia del factor persa como aglutinante de estos pueblos (en el año 559 a. de C. Ciro II puso fin a 3.000 años de hegemonía del reino zagrosí).
Persas, griegos, árabes y turcos fueron imponiéndose sucesivamente y aún así la tendencia de estos pueblos fue la de preservar su identidad nacional, logro que no consiguieron. De manera traumática se consolidó al final la división del Kurdistán en función de las diferencias lingüísticas y religiosas. El Kurdistán iraní actual está constituido por las siguientes seis provincias: Azerbaiyán occidental, Kurdistán, Kirmanshahan, Hamadan, Elam y Luristán. Cuenta con una población predominantemente kurda, hacia Hamada es más bien irania junto con una minoría turca. La capital actual es Khorramabad se trata de un territorio de unos 30.000 metros cuadrados con una población aproximada de 1.500.000 habitantes.
El territorio del Kurdistán está actualmente dividido en cuatro países con tres lenguas diferentes, así como en un variado número de religiones (sunismo, chiísmo, alawismo), aunque en su mayoría son musulmanes chiítas. En la actualidad se producen migraciones anuales con los rebaños de ovejas, cabras y caballos desde los pastos de verano en las ricas y fértiles llanuras de los valles orientales y los pastos de invierno situados en los valles bajos occidentales, zona caracterizada por una mayor preeminencia de agricultores y pastores.
LAS CREENCIAS A TRAVÉS DE LA ICONOGRAFÍA DE LOS BRONCES
Los bronces de Luristán comprenden armas, hachas, puñales, alabardas, dagas, piquetas y mazas. Existen además joyas como aros y anillos, abrazaderas o ajorcas para los tobillos, y elementos de adorno como pendientes, agujas y colgantes, broches de cinturón, arreos de caballo y por último cabría citar los estandartes y recipientes, y las estatuillas.
La frecuencia con la que aparecen decorados con figuras convierte a estos conjuntos en un importante material para conocer el imaginario colectivo de estos pueblos. En su conjunto, la iconografía no sólo representa las creencias mitológicas de estos pueblos del Irán antiguo (actividades de los dioses y hazañas realizadas por héroes y criaturas fabulosas) sino también es el reflejo de la sociedad y de sus actitudes ante el enfrentamiento del bien y del mal. Además, al formar parte de piezas de ajuar funerario, los temas decorativos adquieren un valor simbólico y se convierten en expresión de vida frente a la muerte.
Entre las representaciones antropomorfas, hay que destacar en primer lugar las representaciones femeninas, a veces desnudas, que hacen pensar en la creencia en una dea mater, diosa madre o diosa de la fecundidad, de la vida y de la muerte.
Se representa también al Héroe mítico que lucha contra bestias salvajes, protector de los hombres vivos y muertos. Se trata de una expresión de triunfo sobre la muerte, representado por el héroe y equivalente en la mitología mesopotámica a Gilgamés, hombre fuerte, atlético, rey-cazador legendario, domador, protector del ganado, y vencedor de los monstruos e incluso dios de la fertilidad. Se podría asociar con la figura del Smiting god, representación característica de una divinidad atacando, indicando la existencia de un dios supremo con carácter de jefe guerrero.
Las figuras zoomorfas son en su mayoría animales felinos, íbices y muflones, incluso toros, caballos y serpientes aunque en menor número. Los íbices y cabras, a veces se representan en torno a un árbol. Este asunto podría ser una visión tridimensional del motivo de cabras representadas con un árbol, del que se puede rastrear un origen elamita. Esas representaciones ponen de manifiesto como los animales con cornamenta y árbol estaban asociados a la diosa madre o diosa de la caza del valle de Haramosh. Quizá demuestren que en el Luristán tenían cabida también semejantes ideas religiosas. Es posible que de la misma manera el íbice y el muflón aparezcan representados porque forman parte de la fauna autóctona de la zona, apareciendo por ello en dichas representaciones. Como indica Porada, (1963) en las cabañas de barro de los aldeanos actuales se pone de manifiesto la costumbre, probablemente ancestral, de situar en los tejados de las casas y encima de las puertas cabezas de machos cabríos, cuyas partes carnosas se modelan en barro, quizás como símbolo de protección de las casas. La figura de cáprido ha estado siempre presente incluso hoy en día.
Una explicación similar relacionada con la diosa madre puede darse a los felinos. Entre ellos destacan las panteras, leones incluso cánidos. Aparecen sentados sobre sus cuartos traseros, rampantes o a cuatro patas, aislados o afrontados componiendo una escena. Una explicación más plausible, aunque no por ello destituya a la anterior, sería su carácter apotropaico y de ahí su aparición en contextos funerarios.
Por último, hay que destacar las escenas realistas de caza con arqueros asaeteando a sus víctimas. Como siempre vemos la reiterada presencia de estos animales.
Los seres fantásticos como los demonios o demás figuras monstruosas son representaciones de figuras con cabeza y torso humanos o cabeza animal y cuerpo felino o cáprido y viceversa. Incluso cabeza humana y cuerpo animal.
Estas composiciones caracterizan todo el arte del I milenio a.C. Hay incluso quienes ven antecedentes en las representaciones de las cerámicas del II milenio. Por lo general, estas composiciones muestran el poder y la singularidad expresiva y cualidades estéticas particulares de los bronces de Luristán.
Las escenas más complejas están formadas por leones atacando cabras, muflones o seres demoníacos con cabras a ambos lados. La figura del demonio con cuernos de muflón sobrevivió en las representaciones iconográficas en las regiones del suroeste iraní desde los tiempos prehistóricos hasta los protohistóricos de Susa y aparece también en los bronces de Luristán. Lo que demuestra la representación de dicho motivo sin solución de continuidad.
En cuanto a los temas florales, se repite la representación del árbol sagrado o árbol de la vida flanqueado por animales. Siguiendo a Córdoba (1983), el árbol es un símbolo muy extendido, relacionado a veces con la fecundidad. El árbol, que con su raíz penetra en la profundidad de la tierra y despliega su follaje hacia el cielo impulsó desde antiguo un sentir religioso de la humanidad. Para el autor es una mezcla entre árbol cósmico y poste chamánico. En él se cumplen los principios asiánicos de las mitologías centrales y nor-asiáticas, “sus siete o nueve ramas simbolizan los 7 ó 9 niveles celestes, es decir los 7 cielos planetarios y, al centrar las escenas haciendo que las cabras o íbices vuelvan la cabeza sobre su lomo hacia él se cumple el criterio sacral de los árboles cósmicos”, la centralidad de los mismos en el universo. Un ejemplo sería su profusa representación en las esculturas de Asurbanipal (668-627 a. C.), siendo por lo general característico del arte Asirio.
También son frecuentes las palmetas, mal interpretadas como palmeras, puesto que no pasaban en la época de los 34º de latitud norte, por tanto no era especie significativa en la zona. Aparecen también rosetas y granadas.
En resumen, se puede apuntar como este arte de representación claramente animalística recuerda a ciertas obras sumerias, incluso sirio-hititas y también a algunos bronces escritas. Cuando se revisa toda la producción de estos objetos de bronce, ya sean los de adorno personal, las armas ceremoniales, el equipamiento de los caballos, los recipientes de culto etc, se percibe lo importancia del mundo animal, ya fuera real o fantástico en estas sociedades y de ahí su elevada representación en todos estos objetos.
objetos robados se reveló insegura y difícil antes de que se llevaran a cabo excavaciones regulares en esta región.El origen de la colección de bronces persas, es el resultado de los hallazgos fortuitos y excavaciones clandestinas que tuvieron lugar en la región de Luristán a principios de los años veinte del siglo pasado, razón por la que este conjunto de piezas recibe el nombre de bronces de Luristán.
DATACIÓN
La datación es difícil porque se desconoce su contexto arqueológico, al igual que, por las mismas razones, se desconoce el origen de la mayor parte de los bronces de Luristán y su cronología sigue siendo dudosa.
A falta de contexto arqueológico que permita al menos una datación relativa, el estudio comparativo con otras piezas de cronología más cierta muestra ciertas similitudes tipológicas y decorativas con ellas. Por ambas razones se le puede atribuir a la daga una fecha aproximada del 1000 a. C, perteneciente por tanto a la Edad del Hierro.
PROCEDENCIA
La designación genérica con la que se conoce a estos bronces obedece al nombre de la región en la que se realizaron excavaciones sistemáticas a comienzo
de los años veinte del siglo pasado. Concretamente se excavaron necrópolis en las provincias de Luristán, Elam y Kermanshah del actual Iran. En 1929 André Godard director del Servicio de Antigüedades de Irán realizó un exhaustivo informe sobre la presencia de estos objetos en la necrópolis de Abi-zal al norte de Kermanshah.En 1938 Erich F. Schimidt, director de la Holmes Expedition to Luristan, comenzaría una nueva serie de investigaciones sistemáticas excavando en el santuario rupestre de Surkh Dum que proporcionó piezas de bronce parecidas a las de las tumbas mencionadas anteriormente y datables entre los siglos IX y VII a. C. Excavó también un depósito votivo con armas y objetos rituales similares a los conocidos por el mercado de antigüedades. Entre las armas encontradas en el santuario, las más singulares son las agujas rematadas con un disco con decoración repujada.
Después de la II Guerra Mundial, en 1948, paralelamente a las ampliamente extendidas excavaciones clandestinas, M. Schaeffer continuó el estudio de los bronces de Luristán, ordenando la secuencia estratigráfica de la región.

En conclusión, se puede afirmar que armas como éstas aparecen en contextos funerarios, religiosos y en depósitos junto con otros tipos de armas y objetos de bronce. La cronología de estos conjuntos oscila entre los siglos IX y VII a. de C.
CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS
La zona de procedencia está vinculada al origen de la metalurgia. En estos territorios del Próximo Oriente relacionados con el Tigris y el Eufrates se ha constatado la temprana utilización del cobre nativo y desde el IV milenio a. de C., constatándose su fundición y la utilización de aleaciones.
También tempranamente se obtuvieron objetos metálicos por el doble procedimiento de la técnica de la cera perdida y el molde bivalvo. Los espléndidos bronces de Luristán son un ejemplo de esta tradición metalúrgica. Los primeros contienen aún bastante cobre, pero poco a poco se fue introduciendo en la aleación estaño junto con el arsénico para darle mayor dureza y por tanto resistencia. En el II milenio a. C. el bronce se impone definitivamente.La mayor parte de la producción metalúrgica consistía en armas y herramientas. En la elaboración de las dagas y espadas se aplicaron ambas técnicas. Muchas de las dagas y espadas de Luristán fueron hechas en dos fases: primeramente se hacía la hoja y después se fabricaba un molde para la empuñadura con el hueco para permitir el engaste a la espiga de la hoja.

En la mayoría de sociedades con industria metalúrgica, especialmente aquellas en las que se producen sofisticadas formas, se presupone que son elaboradas por un reducido grupo conocedor de la tecnología y que, como tal, podía disfrutar de ciertos privilegios. También la utilización de los productos elaborados, caso de las armas, era privilegio de los jinetes-guerreros, tal y como demuestra la aparición de numerosas armas y arreos de caballo depositados en los enterramientos, ya fueran estos construidos con grandes lajas de piedra, en pozo en forma de galerías revestidas con lastras y cubiertas con piedras toscamente talladas.
LA GENTE DE LURISTÁN
El grupo humano que habitó la zona en la que se halla el Luristán jugó un importante papel en el desarrollo de la civilización ya desde
el IV milenio a.C., dado que aquí se produjo la invención de la escritura y la aparición de las primeras ciudades en Elam y Sumer.En un amplio sentido, el nombre de Luristán significa “Tierra de los Lur”, es decir, de las tribus Lur que constituyeron el núcleo principal de las tribus kurdas del Luristán y de otros grupos con los que éstas compartían el territorio, como los Lak. Esta tierra se ubica en la región montañosa situada en el oeste de Irán, junto a la actual frontera irano-iraquí, al sur de la región del Kurdistán y de los Montes Zagros y al noroeste de Kuzistán; al este delimita con la regiones de Nihavad y Burujid, y al sur con la región de Dizful y la antigua Susiana. Se extiende desde Kermanshah hasta Fars y se compone de valles profundos de difícil acceso, pero no por ello ha sido inmune a las influencias externas derivadas del comercio y la emigración. Las investigaciones de Clare Goff y Louis Vanden Berghe han puesto de manifiesto como los valles altos de Luristán estaban ya poblados en tiempos prehistóricos.
La historia de Luristán puede reconstruirse, no sin dificultad, a través de las fuentes escritas de sus vecinos del sur, los elamitas de Khuzistan con su capital en Susa y los babilonios del sur de Iraq. Las tribus Lur fueron tribus seminómadas y su principal actividad fue la ganadería y la cría de caballos. Prácticaron también la agricultura, aunque en menor medida. Sus guerreros fueron mercenarios al servicio de los pueblos vecinos y posiblemente los casitas y elamitas obtuvieran sus caballos en esta región.

En algunos momentos de la historia, las tribus de Luristán aparecen situadas en las riberas de los ríos Tigris y Éufrates dedicados al pillaje. En otros momentos aparecen como guerreros a instancia de los
gobernantes de Susa o como aliados de los reyes babilónicos contra Elam, e incluso como tropas auxiliares de los Guti, tribu de la región montañosa de los Zagros en el norte de Luristán, que luchó para poner fin al poder de la dinastía acadia durante el reinadode Naram-Sin (2448-2411). Está claro que eran grupos de mercenarios al servicio de Babilonia y Elam. Así lo demuestran los bronces encontrados en su territorio con inscripciones cuneiformes sumerias y acadias, por ser productos importados de Babilonia y Elam y no producciones locales del Luristán.
Poco se sabe respecto a los poblados en los que vivían. Quizás el carácter nómada de estos grupos no ha dejado evidencias de las formas de poblamiento. En las regiones del este de Luristán, los asentamientos son relativamente pequeños, probablemente por ser poblados o campamentos estacionales situados alrededor de pequeñas ciudadelas. En cambio, en las llanuras bajas del oeste de Luristán los asentamientos parecen tener un carácter más permanente, aunque el escaso número de poblados excavados sistemáticamente no permite confirmarlo. En estos asentamientos permanentes aparecen talleres metalúrgicos.

En cambio no hay duda en afirmar que las gentes de Luristán dominaban la tecnología metalúrgica y tenían un increíble sentido artístico, aspectos ambos que conservaron de generación en generación. La preservación de la tradición local durante siglos fue posible probablemente gracias a la pervivencia del ritual funerario y de las creencias que dieron sentido a estos objetos de bronce. Fabricados con destino exclusivamente funerario para simbolizar el deseo de inmortalidad de la persona que se adornó con ellos, responden también a la acumulación de grandes riquezas que en un momento dado benefició a estas gentes y que se manifestó en la aparición de miles de objetos de bronce en tumbas y santuarios.
Estas gentes luristaníes se llamaban así mismos elamitas, medas. Eranဠpueblos soberanos que a menudo estuvieron tentados de hacer prevalecer su presencia e influencia en las regiones adyacentes. Esta denominación persistió a través del IV, III, II milenio y primera mitad del I milenio a.C., hasta la emergencia del factor persa como aglutinante de estos pueblos (en el año 559 a. de C. Ciro II puso fin a 3.000 años de hegemonía del reino zagrosí).
Persas, griegos, árabes y turcos fueron imponiéndose sucesivamente y aún así la tendencia de estos pueblos fue la de preservar su identidad nacional, logro que no consiguieron. De manera traumática se consolidó al final la división del Kurdistán en función de las diferencias lingüísticas y religiosas. El Kurdistán iraní actual está constituido por las siguientes seis provincias: Azerbaiyán occidental, Kurdistán, Kirmanshahan, Hamadan, Elam y Luristán. Cuenta con una población predominantemente kurda, hacia Hamada es más bien irania junto con una minoría turca. La capital actual es Khorramabad se trata de un territorio de unos 30.000 metros cuadrados con una población aproximada de 1.500.000 habitantes.El territorio del Kurdistán está actualmente dividido en cuatro países con tres lenguas diferentes, así como en un variado número de religiones (sunismo, chiísmo, alawismo), aunque en su mayoría son musulmanes chiítas. En la actualidad se producen migraciones anuales con los rebaños de ovejas, cabras y caballos desde los pastos de verano en las ricas y fértiles llanuras de los valles orientales y los pastos de invierno situados en los valles bajos occidentales, zona caracterizada por una mayor preeminencia de agricultores y pastores.

LAS CREENCIAS A TRAVÉS DE LA ICONOGRAFÍA DE LOS BRONCES
Los bronces de Luristán comprenden armas, hachas, puñales, alabardas, dagas, piquetas y mazas. Existen además joyas como aros y anillos, abrazaderas o ajorcas para los tobillos, y elementos de adorno como pendientes, agujas y colgantes, broches de cinturón, arreos de caballo y por último cabría citar los estandartes y recipientes, y las estatuillas.
La frecuencia con la que aparecen decorados con figuras convierte a estos conjuntos en un importante material para conocer el imaginario colectivo de estos pueblos. En su conjunto, la iconografía no sólo representa las creencias mitológicas de estos pueblos del Irán antiguo (actividades de los dioses y hazañas realizadas por héroes y criaturas fabulosas) sino también es el reflejo de la sociedad y de sus actitudes ante el enfrentamiento del bien y del mal. Además, al formar parte de piezas de ajuar funerario, los temas decorativos adquieren un valor simbólico y se convierten en expresión de vida frente a la muerte.
Entre las representaciones antropomorfas, hay que destacar en primer lugar las representaciones femeninas, a veces desnudas, que hacen pensar en la creencia en una dea mater, diosa madre o diosa de la fecundidad, de la vida y de la muerte.
Se representa también al Héroe mítico que lucha contra bestias salvajes, protector de los hombres vivos y muertos. Se trata de una expresión de triunfo sobre la muerte, representado por el héroe y equivalente en la mitología mesopotámica a Gilgamés, hombre fuerte, atlético, rey-cazador legendario, domador, protector del ganado, y vencedor de los monstruos e incluso dios de la fertilidad. Se podría asociar con la figura del Smiting god, representación característica de una divinidad atacando, indicando la existencia de un dios supremo con carácter de jefe guerrero.

Las figuras zoomorfas son en su mayoría animales felinos, íbices y muflones, incluso toros, caballos y serpientes aunque en menor número. Los íbices y cabras, a veces se representan en torno a un árbol. Este asunto podría ser una visión tridimensional del motivo de cabras representadas con un árbol, del que se puede rastrear un origen elamita. Esas representaciones ponen de manifiesto como los animales con cornamenta y árbol estaban asociados a la diosa madre o diosa de la caza del valle de Haramosh. Quizá demuestren que en el Luristán tenían cabida también semejantes ideas religiosas. Es posible que de la misma manera el íbice y el muflón aparezcan representados porque forman parte de la fauna autóctona de la zona, apareciendo por ello en dichas representaciones. Como indica Porada, (1963) en las cabañas de barro de los aldeanos actuales se pone de manifiesto la costumbre, probablemente ancestral, de situar en los tejados de las casas y encima de las puertas cabezas de machos cabríos, cuyas partes carnosas se modelan en barro, quizás como símbolo de protección de las casas. La figura de cáprido ha estado siempre presente incluso hoy en día.
Una explicación similar relacionada con la diosa madre puede darse a los felinos. Entre ellos destacan las panteras, leones incluso cánidos. Aparecen sentados sobre sus cuartos traseros, rampantes o a cuatro patas, aislados o afrontados componiendo una escena. Una explicación más plausible, aunque no por ello destituya a la anterior, sería su carácter apotropaico y de ahí su aparición en contextos funerarios.

Por último, hay que destacar las escenas realistas de caza con arqueros asaeteando a sus víctimas. Como siempre vemos la reiterada presencia de estos animales.
Los seres fantásticos como los demonios o demás figuras monstruosas son representaciones de figuras con cabeza y torso humanos o cabeza animal y cuerpo felino o cáprido y viceversa. Incluso cabeza humana y cuerpo animal.
Estas composiciones caracterizan todo el arte del I milenio a.C. Hay incluso quienes ven antecedentes en las representaciones de las cerámicas del II milenio. Por lo general, estas composiciones muestran el poder y la singularidad expresiva y cualidades estéticas particulares de los bronces de Luristán.

Las escenas más complejas están formadas por leones atacando cabras, muflones o seres demoníacos con cabras a ambos lados. La figura del demonio con cuernos de muflón sobrevivió en las representaciones iconográficas en las regiones del suroeste iraní desde los tiempos prehistóricos hasta los protohistóricos de Susa y aparece también en los bronces de Luristán. Lo que demuestra la representación de dicho motivo sin solución de continuidad.
En cuanto a los temas florales, se repite la representación del árbol sagrado o árbol de la vida flanqueado por animales. Siguiendo a Córdoba (1983), el árbol es un símbolo muy extendido, relacionado a veces con la fecundidad. El árbol, que con su raíz penetra en la profundidad de la tierra y despliega su follaje hacia el cielo impulsó desde antiguo un sentir religioso de la humanidad. Para el autor es una mezcla entre árbol cósmico y poste chamánico. En él se cumplen los principios asiánicos de las mitologías centrales y nor-asiáticas, “sus siete o nueve ramas simbolizan los 7 ó 9 niveles celestes, es decir los 7 cielos planetarios y, al centrar las escenas haciendo que las cabras o íbices vuelvan la cabeza sobre su lomo hacia él se cumple el criterio sacral de los árboles cósmicos”, la centralidad de los mismos en el universo. Un ejemplo sería su profusa representación en las esculturas de Asurbanipal (668-627 a. C.), siendo por lo general característico del arte Asirio.

También son frecuentes las palmetas, mal interpretadas como palmeras, puesto que no pasaban en la época de los 34º de latitud norte, por tanto no era especie significativa en la zona. Aparecen también rosetas y granadas.
En resumen, se puede apuntar como este arte de representación claramente animalística recuerda a ciertas obras sumerias, incluso sirio-hititas y también a algunos bronces escritas. Cuando se revisa toda la producción de estos objetos de bronce, ya sean los de adorno personal, las armas ceremoniales, el equipamiento de los caballos, los recipientes de culto etc, se percibe lo importancia del mundo animal, ya fuera real o fantástico en estas sociedades y de ahí su elevada representación en todos estos objetos.

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